EL SANTUARIO NO SE RINDE 1949: B/N :102 min.


el-santuario.jpgEL SANTUARIO NO SE RINDE

1949: Histórica: BLANCO Y NEGRO : 102 min.
Productora: Valencia Films,  Centro Film.
Director: Arturo Ruiz-Castillo.
Guión: Arturo Ruiz-Castillo.
Fotografía: Juan Mariné,  Alfonso Nieva.
Música: Jesús García Leoz.
Decorados: Francisco R. Asensio,  Arturo Ruiz-Castillo.
Montaje: Sara Ontañón.
Intérpretes: Alfredo Mayo,  Beatriz de Añara,  Tomás
Blanco,  Mary Lamar,  Carlos Muñoz,  Fernando
Fernández de Córdoba,  José María Lado,  Eduardo
Fajardo,  Antonio Casas,  Angel de Andrés,  Arturo Marín,
Rafael Bardem.
Vestuario: Humberto Cornejo.

Sinopsis:
Marisa Fuenterreal recuerda los días de la resistencia
en el santuario de la Virgen de la Cabeza. Allí caminó
durante varios días con Aracil, un hombre de ideas
extremistas que la salvó de las tropas enemigas, y
luego con el capitán Cortés, que muere en la batalla
final junto a la mayoría de los defensores. Trás la
batalla, María sufre un ataque de amnesia y Aracíl
consigue escapar.

Cita:
“Es en 1949, en un contexto de victoria política
franquista, cuando aparece la primera cinta que
reanuda en rigor el “cine de Cruzada”, interrumpido en
1942. Se trata de una película que obstenta además
el simbólico título de “El Santuario no se rinde”. La ha
dirigido con grandes dificultades e interrupciones del
rodaje el ex-cineasta republicano Arturo Ruiz Castillo,
inspirándose en la defensa militar del Santuario de
Nuestra Señora de la Cabeza, asediado durante
nueve meses y cuyas tropas defensoras mandó el
capitán de la Guardia Civil, Santiago Cortés, quien
falleció en este combate en mayo de 1937. En la
tradición del cerco militar a ultranza que se hace
remontar a Sagunto y a Numancia y que tuvo su
episodio bélico más divulgado en el Alcázar de
Toledo, “El Santuario no se rinde” se alzó como una
neta alegoría de la resistencia del franquismo ante el
cerco político de las democracias occidentales,
cuando tal reto beligerante no resultaba ya peligroso.
Se rescata a Alfredo Mayo de la vieja galería de
héroes para darle esta vez un perfil más complejo de
republicano converso al franquismo y recurriendo al
armazón de una trama sentimental, tejida en esta
ocasión por una residente del Santuario y un
republicano del cerco, que sellarán su unión en la
postguerra, en el escenario de la vieja fortaleza. De
este modo, la película se ofrecía como un puente
entre la exaltación épica del viejo cine “de Cruzada” y
la nueva consigna de apaciguamiento y reconciliación
entre vencedores y vencidos, que sería el leit-motiv
propagandístico de los años cincuenta”. (Román
Gubern en “1936-1939: La Guerra de España en la
pantalla”. Filmoteca Española. Madrid, 1986).

Premios:
1949; Círculo de Escritores Cinematográficos,  Mejor
Actor de Reparto, Tomás Blanco.
1949; Sindicato Nacional del Espectáculo, Segundo
Premio, Mejor Película, Arturo Ruiz-Castillo

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