MARCELINO PAN Y VINO 1955: B/N. 85′


Nacionalidad:    Española.

Producción:    Chamartín.

Jefe de producción:

Vicente Sempere.

Argumento:    la obra “Cuento de padre e hijos” de José María Sánchez Silva.

Guión:    José María Sánchez Silva, Ladislao Vajda.

Director:    Ladislao Vajda.

Fotografía:    Enrique Guerner.

Música:    Pablo Sorozábal.

Montaje:    Julio Peña.

Ayudante de dirección:

Fernando Palacios.

Script:    Mercedes Otero.

Ayudante montaje:    José Luis Matesanz.

Segundo operador:    Salvador Gil.

Asesor religioso:    Padre Antonio Garau, Padre Esteban Ibáñez.

Decorados:    Antonio Simont.

Maquillaje:    José María Sánchez.

Vestuario:    Manuel Comba, Eduardo Torre de la Fuente.

Sonido:    Alfonso Carvajal.

Intérpretes:    Rafael Rivelles, Antonio Vico, José Marco Davó, José Nieto, Fernando Rey, Juan Calvo, José Nieto, Carmen Carbonell, Pablito Calvo, Adriano Domínguez, Juan José Menéndez, Mariano Azaña, Isabel de Pomés, Joaquín Roa, Francisco Arenzana, Rafael Calvo, Carlota Bilbao, Julio F. Alyman, José Prada, Josefina Serratosa, Francisco Bernal, José María Rodríguez, Rafael Cortés, Antonio Ferrandis, Adolfo López, Manuel Atalaya, Ana Sedeño, Joaquín Vidriales, Rosita Valero, Angel Fernández.

Laboratorios:    Ballesteros.

Estudios:    Chamartín.

Metraje:    2.325 metros.

Paso:    35 mm.

Procedimiento:    B/N.

Duración:    85 min.

Estreno:    Coliseum (Madrid). 24-2-55.

Distribución:    Chamartín.

Un niño queda abandonado a las puertas de un convento de frailes franciscanos, y éstos lo recogen, dándole el nombre de Marcelino. Pasan cinco años, en los que el pequeño hace las delicias de los frailes. Pero Marcelino desea algo: subir a un desván donde le han dicho que hay un hombre que le llevaría. Un día lo logra y ve un gran Cristo de tamaño natural. Marcelino piensa por primera vez que el crucificado sufre en esos momentos y le da de comer para aliviar su dolor. Así empieza la amistad entre Jesucristo y el niño, cambiándole el carácter, pues Marcelino vive en un mundo fantástico. Lo que más desea es conocer a su madre, que está en el cielo, y el Señor se lo concede, llevándoselo consigo. El milagro es conocido por todos y hasta el mismo alcalde, que nunca fue creyente, siempre rudo y severo, es tocado en el corazón por el milagro y, sin proponérselo, funda la acostumbrada romería de Marcelino Pan y Vino.

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