BALARRASA 1959: B/N. 95′


Nacionalidad:    Española.

Producción:    Aspa P.C.

Jefe de producción:

Tomás de la Plaza.

Argumento, Guión y Diálogos:

Vicente Escrivá.

Director:    José Antonio Nieves Conde.

Fotografía:    Manuel Berenguer, José Fernández Aguayo.

Música:    Jesús García Leoz.

Montaje:    Juan Serra.

Ayudante de dirección:

Domingo Pruna, José Castedo.

Segundo operador:    Félix Mirón, Francisco Sempere.

Ayudante de producción:

Enrique Rivas.

Asesor religioso:    Angel Sagarminaga, Javier Echenique.

Decorados:    Pierre Schild.

Constructor decorados:

Francisco Prosper.

Vestuario:    Pertegaz, Peris Hermanos.

Maquillaje:    Rodrigo Gurucharri.

Sonido:    Antonio Alonso.

Intérpretes:    Fernando Fernán-Gómez, María Rosa Salgado, Dina Stein, Luis Prendes, Eduardo Fajardo, Manolo Morán, José Bódalo, Maruchi Fresno, Mario Berriatúa, José María Rodero, Julia Caba Alba, Jesús Tordesillas, Virginia de Matos, Gerard Tichy, Gary Land, Félix Dafauce, Miguel Pastor Mata, Fernando Aguirre, Eloísa Muro, Francisco Bernal, Alfonso de Córdoba, Mónica Pastrana, Manuel de Juan, Domingo Rivas, Chano Conde, Mariano Alcón, Lola del Pino, José Osorio, Francisco Arenzana, Patro Navarrete, María Luisa Abad, Manolita Martínez, Marta Rizo, Abdilio Montes, José María Martín, Virginia de Matos. José Riesgo, José Prada.

Laboratorios:    Madrid Film, Arroyo.

Estudios:    Sevilla Films.

Metraje:    2.462 metros.

Paso:    35 mm.

Procedimiento:    B/N.

Duración:    90 min.

Estreno:    Rialto (Madrid). 5-2-51.

Distribución:    Cifesa.

Sobre la blanca nieve de Alaska yace moribundo un sacerdote misionero español. En el instante decisivo de su existencia, recuerda todo su pasado. El misionero fue un oficial del Ejército español a quien sus compañeros, cariñosamente, llamaban «Balarrasa» por su despreocupación y alegría. La muerte en el campo de batalla de uno de sus más queridos compañeros le hace meditar y decide meterse en un Seminario. Antes de ingresar en él va a casa de sus padres, y allí se horroriza de la vida inmoral que llevan la mayor parte de los suyos. Emprende ardua lucha para hacerlos volver al camino del bien, lo que consigue al fin, terminando aquí la evocación de su pasado, momento en que el misionero muere encomendando su alma a Dios.

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